capítulo 2: deseos reprimidos.
sólo pasó un año, cedric había comprendido que sus deseos eran extraños y anormales a los ojos de la gente que se consideraba normal. pero los deseos se habían convertido ya en una necesidad y creyó que no dejaría de hacer las cosas que tanto le agradaban.
por otro lado, su mente durante todo ese tiempo, era invadida por los recuerdos de horrendas pesadillas constantes y abrumadores de gente riéndose de la muerte del mismo cedric. gente que conocía y gente que nunca en su vida la había visto. pero nada había sido tan aterrador, como la experiencia de la gente vista en sueños, falleciendo ante sus propios ojos, cerca de él. era irreal, poco creíble y debía tener una explicación. pero nadie podía dársela. las personas en la vida real perdían la vida como en su sueño él la había perdido y se habían burlado. inmediatamente el odio hacia su persona se apoderó de él. ¿de qué privilegios gozaba para poder decidir quién vivía y quién no?
nada lo sacaba de su extrañeza, sabía que debía contarle a alguien, pero... ¿acaso no lo comprenderían como con sus deseos? entonces un suceso le hizo olvidar esas pesadillas para enfocarse en más razones por las que no debió haber nacido.
fue una mañana de invierno antes de las vacaciones de navidad y de fin de año. tomó sin permiso una de las barbies de bárbara para llevarla a su escuela y jugar con ella en la hora de descanso. se había prometido a sí mismo cuidarlas con todas sus fuerzas para que nada les pasara. ni un instante pasó por su cabeza la idea de que eso sería visto como una monstruosidad y completa falta de cordura. inmediatamente fue llevado a la enfermería de la escuela, acusado como tal de estar enfermo, sus padres fueron advertidos y su presencia solicitada para reprender y corregir al chico que apenas entendía la situación. él tan asustado y confundido prometió jamás tomar las muñecas de su hermana.
volvieron a su hogar molestos por lo ocurrido, le explicaron que era prácticamente un pecado hacer cosas de niñas siendo él un varón. si lo volvía a hacer, tendrían que llevarlo con un especialista.
ahora todo estaba claro para él, no podía permitir que sus enfermos deseos salieran a la luz, debía comportarse de una manera no muy agradable pero bien vista por la sociedad. prometió que no lo volvería a hacer y lo cumplió. Incluso cuando al cumplir los 9 años, comprendió que su problema no era ser un chico con gustos diferentes, sino ser una chica en el cuerpo equivocado. pero su promesa seguía activa y sentía tanto temor de siquiera expresar la conclusión a la que había llegado. sabía que no lo entenderían, lo volverían a llamar enfermo y el dolor de defraudar a quienes le dieron la vida, y que indiscutíblemente sí amaba, regresaría para apoderarse de él.
siempre recordó con especial imponencia, la vez que sus padres se enteraron de que su hermano eduardo era homosexual. lo habían enviado al psicólogo, fueron a terapia de pareja, que realmente sí necesitaban puesto que su vida era un enfrentamiento tras otro. y cedric debía esperar fuera de las salas, jugando con tarjetas y juguetes para niños con capacidades mentales diferentes. eran momentos eternos y aburridos, de estrés con el conocimiento de que estaban ahí porque eran una familia disfuncional que había dado a luz un hijo con deseos malvados. sabía también que él era otro hijo enfermo maligno que sólo escondía sus desagradables ideas.
fueron las razones de que el chico nunca diera a conocer sus sentimientos, a final de cuentas, le parecían agradables las niñas y cuando tuviera que elegir pareja entre ellos y ellas, sabía que debía y podría elegirlas a ellas sin problema. todo estaba arreglado, parecería una persona común y corriente el resto de su vida. al menos eso podría parecer.
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